por Luciana Bonomo  
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River ya festejó
 
Algunos dirán que el campeonato local no es tan importante. Otros, que no era el objetivo número uno para esta primera mitad del año. Pero lo cierto es que el gol de Víctor Zapata fue un desahogo para los jugadores, el cuerpo técnico y los hinchas de River. Porque los de Núñez gritaron campeón, cuando todavía falta una fecha para que termine el Clausura, y son el primer equipo argentino que da una vuelta olímpica este año.
La primera señal de que el domingo podía ser la consagración fue el gol de José Sosa, que le dio la victoria a Estudiantes en el Amalfitani y dejó a los pibes de Vélez casi sin ilusión. Boca había ganado, sí, pero una victoria de River en Bahía Blanca les aseguraba el título número 31.
 
Sin embargo, las cosas no fueron fáciles para el equipo del Ingeniero. Desde su llegada a Bahía, retrasada un día por la niebla, hasta el trámite del partido.
Por un lado, Olimpo. El equipo de Julio Falcioni planteó el partido de igual a igual y demostró por qué es uno de los mejores del campeonato, por qué complicó a todos los grandes y por qué se merece seguir en primera.
Por el otro, River. Presionado para ganar —tenía el campeonato al alcance de la mano, pero a su vez una derrota dejaba con chances a Vélez y a Boca— en una cancha difícil, bastante más chica que el Monumental y ante un rival que no lo dejó hacer su juego. Por eso, durante gran parte del partido, Franco Costanzo fue figura tapándole pelotas de gol a Silvio Carrario y Cristian Castillo —con pasados xeneize y millonario, respectivamente— y Guillermo Pereyra tuvo que hacerse patrón cortando y recuperando la pelota en la mitad de la cancha.
En el segundo tiempo, cuando el cero a cero parecía inquebrantable y el Flaco Vivaldo volaba para la foto y descolgaba todos los centros, Pellegrini mandó a la cancha a Diego Barrado, Darío Husain y Victor Zapata. Falcioni, en cambio, sacó a Castillo, el jugador más peligroso de los bahienses. Ahí, cambio River. Jugadón de Husaín, toque de Cavenaghi y Zapata, más rápido que nadie para desbordar y clavar un zurdazo increíble en el segudo palo. Delirio dentro de la cancha, delirio en la tribuna. Faltaban menos de diez minutos y el título había quedado al alcance de la mano.
  Después llegó el segundo. Otra vez la jugada la armó Husain. Cavenaghi desconcertó a los defensores locales en el área y le dejó el gol servido a Barrado, que definió con calma. Partido definido, suspensión por la invasión de los hinchas durante unos minutos, reinicio y pitazo final.
Los jugadores festejaron merecidamente, porque fueron los mejores del torneo, con la delantera más goleadora y una de las vallas menos vencidas. En Buenos Aires, los hinchas se juntaron en el Obelisco y en el Monumental, para gritar "Dale, campeón". El domingo, habrá fiesta en el estadio, cuando River se enfrente a Racing buscando su mejor campaña en torneos cortos. El miércoles juega Boca, con la chance de ganar la Copa, pero ayer no importó. Porque River YA es campeón.
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