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Nos quiso hacer creer que había cambiado. Se apareció
hace un tiempo en el Monumental con un supuesto champagne
(el famoso "gatoreit") bajo la idea de que el fútbol
era alegría y había que disfrutarlo.
Hace unos días volvió a mostrar la hilacha.
Pelotas escondidas, peleas con el árbitro, agresiones
al técnico rival: era el mismo de siempre.
El mismo que en las décadas del '60 y el '70 pinchaba
adversarios con alfileres en los corners.
El mismo que en el Mundial ´90 le dio agua podrida a
un rival (Branco) en medio de un partido.
El mismo que en su excursión por Sevilla (cuando ya
ni Maradona lo salvó) pedía a gritos que pisaran
a un rival, que yacía lesionado en el piso.
Era el mismo. El anti-fútbol en su más genuina
expresión.
El fútbol argentino no se lo merece. Ese fútbol
que tuvo a Diego como su máximo exponente; el que cobijó
a la Máquina; a Farro, Pontoni y Martino; a Sivorí
y Di Stéfano; a Pinino y Ermindo; al Beto, el Bocha
y el Loco; a las selecciones del Flaco y el Coco; el que adoptó
al Enzo como propio y hoy goza con Román, Aimar, Tévez,
Saviola, D´Alessandro y el Pipi Romagnoli, merece técnicos
que lo dignifiquen y respeten su esencia.
Váyase a su casa, por favor! Y ni se le ocurra dejarnos
a Pachamé en su lugar...
Guillermo Durán
DNI: 17.759.816
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