por Luciana Bonomo  
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P E N T A C A M P E O N
 
Golazo de Tevez cuando promediaba el primer tiempo y los brasileños tenían arrinconado a Abbondanzieri. Recontra golazo de Delgado cuando hasta el arquero del Santos estaba en campo de Boca buscando otro gol, después del de Alex. Penal de Schiavi para sellar el resultado ántes del pitazo del árbitro Larrionda.
 
Los hinchas de Boca festejaron en el centro de Buenos Aires

Para que los suplentes xeneizes, que esperaban en el borde del campo con sus remeras de "Sigan Participando" pudieran entrar a dar la vuelta olímpica. Y festejar. Porque Boca ganó 3 a 1 en el Morumbí. Porque le sacó al Santos su invicto de local, y porque con el 5-1 como resultado general, se alzó con su quinta Copa Libertadores.
Como durante todo el torneo, Boca supo imponer su juego. Esta vez, en el Morumbí, Battaglia se dedicó a cortar todo lo que pasara por su camino. Burdisso y el Pato Abbondanzieri, repartieron seguridad cuando las papas quemaron y los brasileños se les iban al humo buscando un gol como sea.

  Y Carlitos Tevez, ese mismo que no jugó la primera fase porque Bianchi no lo veía bien, demostró que a con sus dieciocho años entiende cómo jugar, y se llevó un auto de premio por haber sido el mejor jugador de la cancha. Y el Chelo Delgado, el que hizo los dos goles en la Bombonera en el partido de ida, se despidió de Boca con otro golazo, casi desde la mitad de la cancha, y casi convierte uno más, de chilena, pero estaba en offside.
Hubiera sido la mejor forma de cerrar una campaña brillante, y una final más brillante todavía.
Boca ganó. Boca dio una vuelta más. La quinta en la historia, y la tercera con Bianchi en el banco. Seis mil hinchas festejaron en San Pablo, y otros miles en el Obelisco.
Ahora, quizás con algunos jugadores menos y con algunos otros que llegarán, habrá que pensar en la Intercontinental, otra vez en Tokio, en diciembre y esta vez contra el Milan. Pero para eso falta mucho y, por lo menos por ahora, la alegría fue solo xeneize.
 
 
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